Tomás Gabriel Crisanto, indígena otomí originario de Jiquipilco El Viejo, en el municipio de Temoaya, Estado de México, recuperó su libertad tras permanecer 12 años, 9 meses y 27 días en prisión por un homicidio que no cometió.
Su liberación se logró mediante la aplicación de la Ley de Amnistía, luego de que se acreditaran irregularidades en su proceso judicial.
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¿Por qué fue detenido el indígena otomí Tomás Gabriel Crisanto?
Al salir del penal de Almoloya de Juárez, lo primero que hizo fue visitar la tumba de su hija, quien falleció a los 26 años a causa de leucemia.
La joven estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y soñaba con titularse para revertir la sentencia de 44 años impuesta a su padre.
La Sala de Asuntos Indígenas del Poder Judicial del Estado de México emitió la resolución tras reconocer que Crisanto no contó con intérprete ni con una defensa adecuada a su lengua y cultura durante el proceso, lo que vulneró sus derechos.
Su esposa, Carmela Flores, encabezó durante años la lucha por su liberación. Para cubrir los 660 mil pesos de reparación del daño exigidos por el juez —requisito para acceder a la amnistía— reunió 360 mil pesos mediante la venta de bienes y apoyo comunitario, mientras que el Poder Judicial aportó los 300 mil restantes.
El caso se remonta a abril de 2013, cuando un sobrino menor de edad disparó desde la camioneta de Tomás, causando la muerte de un joven.
El menor asumió la responsabilidad y cumplió su sentencia en un tutelar, pero las autoridades detuvieron y condenaron a Crisanto.
Hoy, ya en libertad, Tomás planea reabrir su tienda de uniformes escolares o emprender un nuevo negocio para permanecer junto a su familia. “Quiero visitar a mi hija y agradecer a quienes me apoyaron”, expresó entre lágrimas.
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