La audiencia por el asesinato del sacerdote Ernesto Baltazar Hernández Vilchis reveló que el religioso cayó en el modus operandi conocido como “gotera”, una práctica delictiva que opera desde hace años en la Ciudad de México y el Estado de México.
La Fiscalía mexiquense ya impuso prisión preventiva a las tres personas detenidas y prevé vincularlas a proceso este viernes.
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El sacerdote Ernesto Baltazar murió a causa de una fractura craneoencefálica.
Ernesto Baltazar, párroco de la Iglesia de la Santa Cruz en Tultepec, desapareció el 28 de octubre después de contactar a una mujer identificada como Fátima “N”.
La investigación indica que ella planeó el robo desde antes del encuentro y convenció al sacerdote de cambiar la cita del hotel acordado al departamento de Brandon “N”, en Tultitlán.
De acuerdo con las autoridades, Fátima “N” colocó gotas en la bebida del sacerdote y lo dejó inconsciente, siguiendo el método característico de la “gotera”, que consiste en administrar sustancias para anular la voluntad de las víctimas y facilitar robos o agresiones.
Una vez drogado, los implicados lo llevaron a una recámara y lo ataron. Cuando Ernesto Baltazar recuperó la conciencia e intentó liberarse, Brandon “N” lo golpeó con un bat. La autopsia determinó que el sacerdote murió por una fractura craneoencefálica.
Los agresores colocaron el cuerpo en una bolsa plástica, lo ocultaron dentro de un sillón y arrojaron el mueble a un canal de Nextlalpan, donde más tarde las autoridades lo hallaron.
El modus “gotera” ha generado preocupación por su uso en robos, violaciones y agresiones contra adultos mayores y mujeres.
Incluso se han documentado ataques contra menores de edad, por lo que ante la creciente incidencia, el Congreso mexiquense aprobó sanciones más severas.
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